jueves, 8 de marzo de 2012

Fly me to the moon


Ofrecían un puesto de trabajo en Ginset Vale -donde me dirigía ahora mismo- como ayudante de mecanógrafo para la revista Extra! Extra!, cuyo nombre empezaba a ser tenido en cuenta entre la muchedumbre y, sobre todo, entre la competencia. Más que un trabajo, era la oportunidad de convertirme en uno de esos sabuesos ataviados con gabardina, pluma y sombrero que husmeaban atentos entre la basura y los despojos que arrojaban las celebridades de vez en cuando, para venderlas al mejor postor en el prostíbulo de noticias de los quioscos. Sin embargo, lo que los otros fueran o persiguieran bien que me traía sin cuidado, yo simplemente tenía una visión completamente distinta de todo aquello y no tenía ni la más remota intención de competir con ellos, no merecía la pena.
Sí, era lo que algunos todavía se empeñaban en llamar, un periodista -o al menos lo pretendía- pero lo cierto es que esa palabra dejó de tener sentido hace tiempo, cuando los amos de Broadway y Wall Street llegaron y sodomizaron las redacciones de periódicos, radios y televisiones a golpe de talonario. Esos grandes magnates que con un simple silbido tenían postrados a sus pies a todos aquellos sabuesos de gabardina, que babeaban y luchaban deseosos por cazar a su siguiente presa y obtener la protección del señor mientras se cubrían de gloria y dinero... Ni hablar, aquello no era periodismo y no era lo que yo quería, por ello el trabajo era idóneo, pues era discreto, lo que me permitiría ejercer la profesión desde un segundo plano mientras se devoraban los unos a los otros por cuatro perras. Además pagaban bien y conocería de cerca a uno de los pocos que guardan el buen nombre del periodismo, Ben Thomson, quien por descontado no se había plegado a los intereses de ningún amo y señor, ya que solo respondía ante su público lector, el único dueño soberano al que se entregaba concienzudamente. Después de todo, conocería la ciudad -en la que nunca había estado- y sus famosas calles repletas de salones nocturnos, música jazz y rondadores de amor perdidos en el fondo de un vaso de alcohol o en las faldas de un ceñido corsé.

Desde la ventana del tren la silueta de la ciudad iba creciendo mientras la sombra de las nubes -que me habían acompañado en todo el trayecto descargando su lluvia sobre la ventana- quedaba ya muy lejos. Mientras se esclarecía el paisaje me di cuenta de que dejaba muchas cosas atrás y de que solo esperaba encontrar una a cambio, una única y fantástica cosa que me esperaba en el andén con una sonrisa carmesí en los labios y que hacía que todo lo demás poco importara.

4 comentarios:

  1. Joder tio, me ha encantado, el cuerpo me pide mas de esa historia! Y encima mientras leía estaba escuchando esto: http://www.youtube.com/watch?v=VT2OzWiKUMM

    Strange meeting...

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  2. Ostras! me flipa el tema José y gracias por dejar una carta en el buzón, siempre se agradece.
    PD: Nos vemos muy pronto ;)

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  3. Gracias por haber añadido un enlace de mi bitácora en tu blog. Aprovecho para enviarte un saludo y decirte que coloqué un vínculo en mi blogroll, en la sección 'dípteros'. Recibe un cordial saludo.

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