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lunes, 21 de noviembre de 2011

Confesiones de un alcohólico: Resaca electoral

Las copas amargas de la noche anterior nos confirmaban lo que de lejos ya intuíamos pero nos negábamos a admitir. La Resaca -con mayúscula-, nos reprochaba duramente esos "últimos traguitos" o ese "¡Venga, que yo invito!" de última hora, y de los que en estos momentos nos arrepentíamos. Nos culpaba -con razón- de haber ignorado todas las advertencias y precauciones que, bajo el influjo de la embriaguez y seducidos por el placer de la compañía, dejábamos diluir dulcemente con cada sorbo, con cada aliento exhalado. De modo que el resultado al día siguiente consistía en una mezcla de dolores, náuseas, reflexiones y promesas "!Qué dolor! ¿Cómo pude ser tan ingenuo? Prometo que la próxima..." con las que teníamos que cargar -y resignar- mientras nos contentábamos, con nostalgia, por haber pasado una inolvidable velada.


Nadie sabe por qué confieso mi adicción y contradicción así, de esta manera ramplona tan poco sutil; así como tampoco nadie sabe ni entiende cómo esta patética historia personal, de un alcohólico con resaca, ha llegado a representarse en la política de este país, joder... qué locura. Reconocer que uno es alcohólico es el primer paso para superar la adicción ¿no? y si os dicen que con eso no basta ya sabéis el dicho: La vida sigue, o al menos lo intenta.

jueves, 30 de junio de 2011

Perder el sentido por una palabra


Se acabaron los diálogos entre el manco de Lepanto y el fantasma de la ópera, las canciones autocompasivas cargadas de historias y recuerdos lacerantes, las horas vacías de pasto, de pensamientos rumiantes... Terminaron, llegaron a su fin. Dalí encontró su pintura en aquella famosa entrevista de Soler Serrano del mismo modo que yo encontré aquella palabra en mi escritura !Eureka! -gritaba exaltado-, había encontrado la palabra, la que iluminaba todo.
Pero bueno ¿a cuento de qué tanto Góngora?!hábleme en Machado por favor! -pensará el lector-. Mis disculpas, pero tal hallazgo ha transformado mi lenguaje, y me temo que no podrá hacer otra cosa que adivinarla o encontrarla usted mismo sin mi ayuda.
No es ninguna greguería, ni ningún esperpento, no sé que me pasa que se me hincha el pecho, tampoco es que sea rima asonante o consonante, pero creo que se trata del té de la tarde con el señor conejo y las cinco horas que estuve con Mario. La palabra no se queda quieta, revolotea por todos lados de libro en libro y de recuerdo en recuerdo como la mujer de Oliverio !y es que así no hay quien la escriba con propiedad! Pido disculpas de nuevo querido lector, las manchas de tinta dibujan párrafos de persecución insolente y yo ya no sé qué hacer para evitarlo.
Es un Omena-G de Els Joglars, una nota a pie de página en los versos melancólicos de Hipólito, una metamorfosis de Kafka o un Sant Jordi sevillano, quizás una Lisboa sin Saramago, o puede que un blues desafinado... En fin, lo lamento, no hay palabra que la defina ni sintaxis que la rentenga, y en un fallido intento tan solo diré gracias.